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la mano y el bosque

por carla7
viernes, 11 de septiembre del 2009 a las 22:19
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En un bosque de un país tropical, llegó hace ya algún tiempo una mano. Una mano sola, desprendida del resto del cuerpo y que buscaba encontrarlo. Sólo reuniéndose con él se desharía el conjuro.

Nada más entrar en el bosque, encontró unos árboles de troncos retorcidos y raíces testarudas que luchaban por no quedar enterradas. Los árboles la invitaron a acariciar sus troncos, sus arrugas milenarias y cuando la mano iba pasando por encima de ellos, le empezó a crecer el brazo.

Más tarde, los pájaros que habitaban las ramas de aquéllos árboles, hablaron con ella y la preguntaron si sabía escuchar. La mano respondió que no tenía orejas y que no podía, pero los pájaros la dijeron que habia muchas maneras de escuchar y que estuviera atenta. Nunca entendió muy bien cómo, pero escuchó a los pájaros cantar, una melodía casi silenciosa y enseguida creció juntó a la mano y el brazo, el torso de una mujer que se iba haciendo más definido.

Siguió un camino por el bosque y más tarde, encontró una colonia inmensa de hormigas gigantes. De una a una, se pasaban unas cáscaras de algún fruto del lugar y con mucha disciplina las cargaban hasta su nido. Una de ellas, la que organizaba todo el pelotón, se interesó por aquel cuerpo de mujer a medias y la preguntó si sabía lo que era la paciencia. No supo que contestar, de hecho no estaba preparada para contestar preguntas como aquélla y la hormiga reina la invitó a que la siguiera, recorriendo todo el camino del bosque, para llevar una minúscula cáscara, desde una punta del bosque hasta su nido. Después de mucho tiempo y de mucha calma llegaron a su destino, nunca se escuchó una queja por su parte, al contrario, ya sabía acariciar, ya sabía escuchar y ahora estaba aprendiendo a esperar. Le salió el otro brazo con su mano y un cuello hermoso que sostenía una cabeza con gran dignidad.

Llegó la noche y con ella la parte más oscura del bosque. Los animales más peligrosos salían a defender su territorio y entre ellos, estaba el lobo que con sus ojos rojizos y brillantes, salió a su paso. No habló con ella, sólo la miró con sus ojos penetrantes y en aquella mirada había un reto. Ella estaba asustada, de haber tenido piernas hubiera salido corriendo, pero ¡ni eso podía hacer! Sólo podía seguir hacia delante y pasar por su lado. Empezó a moverse lentamente, sin apartar su mirada de la del lobo y cuando llegó a su lado, éste agachó la cabeza. Ella lo acarició con su mano y recuperó todo su ser.

 

programas radio Blanes 2009

por carla7
domingo, 06 de septiembre del 2009 a las 23:06
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Cada día

por carla7
domingo, 06 de septiembre del 2009 a las 17:33
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Todos los días venía a buscarme a la misma hora, yo sólo tenía que estar allí y esperarle. Se aproximaba lentamente y cuando creía que estaba a una distancia adecuada, se paraba justo a mi lado. Alguna vez para ponerlo a prueba le esperaba un poco más adelante o unos metros más atrás. Y él con las mismas maniobras, con la misma suavidad y una velocidad descendiente, se paraba justo a mi lado, abría sus brazos como grandes puertas y yo me dejaba engullir en su interior.
Aquella relación que ahora era el oxígeno de mi vida había empezado hacía ya algún tiempo. Yo iba siempre distraída con mis cosas y nunca me fijé mucho en él. Sabía que era gordito, siempre de rojo, que llevaba su nombre en la frente con un gran letrero y grandes números, pero nada más. A mí me habían promocionado en el trabajo y esto había significado un cambio de oficina y un trayecto distinto. Llegaba a la parada cargada con mis carpetas y bolsos, siempre corriendo para no llegar tarde y como él era siempre tan puntual, yo ni me fijaba. También andaba entonces muy preocupada por hacerlo todo bien, por ser perfecta, caer en gracia a todo el mundo ¡y claro eso consume mucha energía y da muy poca perspectiva!
De manera que no fui consciente de cómo empezó a cortejarme. De cómo su respiración cambiaba al llegar al lugar de la cita, de cómo la razón de su vida, era que yo estaba allí. ¿ Qué cuando empezó todo para mí..? No sabría decirlo exactamente, porque no fue de pronto sino poco a poco, como normalmente me suceden las cosas. Y lo que recuerdo son sensaciones que fueron acumulándose hasta sentir que necesitaba verle cada día. Todavía hoy lo más desconcertante es que se fijara en mí, es algo que no comprendo, que nunca he comprendido, porque para mí lo fascinante es el otro, mi interés, la novedad, los grandes maestros son los otros y se me olvida que yo pueda ser ni remotamente algo así para ellos.
En uno de esos días en que arrastraba mi soledad y mis carpetas con la misma dignidad, llegué a la parada de siempre con más tristeza que de costumbre y fue la primera vez que me pareció que lo notaba, porque se acercó muy silencioso y soltó un suspiro al pararse que me llegó como un beso. Pensé que era yo y mis fantasías así que traté de olvidarlo.
Otro día, cuando me vio llegar radiante y acalorada, se le cayeron unas flores justo delante de mí, como si fuera un accidente y así evitar ser demasiado directo. Las recogí, ¡eran tan bonitas! y además no había nadie más por allí, sentí que eran para mí, pero también me sentí ridícula.
Si llegaba tarde me esperaba, se hacía el remolón oscilando su cuerpo rojo y tatuado de publicidad pero manteniendo sus brazos abiertos unos minutos más, aunque los demás viajeros no lo comprendieran.
Empecé a sentirme nerviosa cuando salía de casa por las mañanas e iba a su encuentro. Me arreglaba más, me miraba al espejo y buscaba a alguien que me gustara, que me pareciera atractiva y él al verme resoplaba juguetón. Me sentía observada, querida, distinguida y el resto del día se me hacía más corto. Cuando salía de la oficina él volvía a estar allí, pero yo siempre me acercaba expectante, sintiendo el corazón en un puño hasta que le veía llegar.
Mi vida ya no es la misma, le tengo a él todos los días o casi todos. Cuando le veo acercarse con sus grandes ojos que no se cierran jamás, que no preguntan, sólo me miran, tengo la certeza de que me quiere aunque seamos tan extraños. Y siento el amor por las cosas de cada día, por esos encuentros que tiene la brevedad de lo intenso.

20 palabras

por carla7
domingo, 06 de septiembre del 2009 a las 15:56
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Te voy a regalar 20 palabras y con ellas me haces un cuento.
Las tengo guardadas en una caja llena de polvo y tiempo.
las fui recogiendo con los años
y las he guardado bajo llave,
para que nadie las manche.
Abre la caja y escucha
Porque están deseando ver cómo suenan:


Es de noche y el mundo está quieto.
El desierto que lo había cautivado, ahora le tiene atrapado, en medio de la nada.
¡Tenía tantas ganas de verlo!, como aquéllos que no han visto nunca el mar.
Cuando lo tuvo delante, su vista se perdió por aquel mar de arena y formas caprichosas. Fue entonces, cuando se hizo la promesa de atravesarlo aunque le costara la vida y cubierto por un turbante para protegerse del viento, empezó su viaje.
Ahora todo está quieto, no se oye nada y su mano busca una bolsa de cuero atada por dentro de su camisa, donde lleva lo más preciado para él- unas piedras de valor incalculable, que le permiten recorrer el mundo a su antojo.- Su cantimplora y unos cuantos trozos de carne seca, componen el resto de su hatillo.
Durante el día, la arena le ha acompañado en todos sus movimientos y sus pisadas han marcando huecos oscuros, que el viento habrá borrado. Ya nunca podrá volver por el mismo camino y si lo hace, no será sabiéndolo.
Ahora es de noche y no hay nada, ni nadie, pero cree ver muchas cosas y entre ellas un palacio, cuyas torres caen muy deprisa, para levantarse con otras. Camina hacia allí y tiene la sensación de acercarse a un espacio prohibido, del que se lo llevarán preso y no saldrá jamás. Al pasar bajo la sombra imaginada de un árbol, cree escuchar unos gemidos y entonces, descubre los rostros de unas mujeres. Son esclavas, fugitivas de una caravana de mujeres para ser vendidas, pero ellas han roto las cadenas y el negocio. Sentadas alrededor de una gran caldera, le ofrecen té caliente.
Sigue caminando y entra en un pueblo de calles estrechas y retorcidas, si el viento sopla, él escucha aullidos, que transforma en perros invisibles, para espantar a los que no son invitados.
Se sienta, hoy ha caminado mucho, ha llegado hasta un vergel de palmeras y cascadas de agua, dónde un ángel sin alas, le ha contado historias del desierto. El agua y las palabras le han calmado su pesar.
De pronto, escucha el tintineo de un metal desde el fondo de una calle de aquel pueblo. Se acerca y ve a unos hombres trabajando el cobre en un taller-abstraídos, golpean el tiempo con sus martillos.-
Amanece, las estrellas se han ido hace un rato y una luna más grande de lo normal, se eleva como un globo. Él se levanta y empieza a caminar. Cuando sabe que no va a ninguna parte, vuelve a encontrarse con las mujeres. Las mira a los ojos y ve en ellas, las cicatrices del miedo y su ansia de libertad. Él está a punto de llegar al otro lado del desierto, ellas han vivido en él toda la vida, nunca han conocido nada más. Mete su mano por dentro de la camisa y coge su bolsa de cuero. Siente el peso de aquellas piedras, que celosamente ha guardado todos estos años y extiende su brazo. Coloca la bolsa con cuidado, entre las dos manos de una de las mujeres y se marcha.
Ya no tiene nada a lo que aferrarse, el desierto le ha enseñado su libertad. Ellas, también encontrarán la suya.

camino de santiago

por carla7
domingo, 06 de septiembre del 2009 a las 12:03
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